Barbacoa

Podría ser casi un ejercicio de nostalgia por un futuro que no ha sido. Las canciones de Barbacoa, nombre tras el que se esconde Jordi Colombi (Abrevadero, Urquinaona), mantienen un pie en el pasado (en la nova cançó, en la tradición popular del mediterráneo) para proyectarse hasta el día de hoy. En ese recorrido nos encontramos, a través de la fascinación de Colombi por los arpegios, con el Nick Drake más minimalista de Pink Moon, con el primer Leonard Cohen, e incluso con las guitarras intencionadamente incómodas de Annie Clark o Shara Worden.
Para mi Barbacoa es un susurro y un grito a la vez, una nocturna voz del mas allá que, curiosamente, no da miedo, no invoca a los demonios, pero que me resulta extrañamente familiar. Me saca de mi habitación y me lleva de paseo por los laberintos de la psique, mostrándome el lado tierno de mis miedos y de mi soledad hasta llegar al salón de mi difunta abuela para tomar té y galletas con ella. Cuando el último sorbo está bebido y el último bocado está mordido y el último adiós está dicho, Barbacoa me coge de la mano y me devuelve a mi habitación. Allí, sin decir una palabra más, compartimos una copa de vino. Pronto empiezo a ver estrellas. Entonces Barbacoa me mete en la cama, me cubre con la manta y me canta una nana sobre monstruos y galaxias, una melodía familiar de mis tierras griegas, hasta que me quedo dormido, en paz”.

 

barbaHELIO.VICTOR

 

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